Románico sumergido: el caso de Cenera de Zalima

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Capiteles de la iglesia de Santa Eugenia (Cenera de Zalima, Palencia). FOTO FUNDACIÓN SANTA MARÍA LA REAL

Los desconocidos capiteles románicos de la iglesia de Santa Eugenia fueron recuperados en 2017, tras un descenso generalizado de los pantanos en todo el país, que dejó al descubierto una verdadera «Atlántida», repleta de tesoros

 “Las ruinas emergidas del pueblo de San Pedro de la Nave atraen, a cuentagotas, a diversos curiosos, quizá las familias de antiguos vecinos del pueblo… quién sabe. Aquí las calles, ahí los cimientos de las derruidas casas… pero cuando uno quiere reconstruir el resto, las aguas corren el telón del olvido.

Allí tejían sus vidas los zamoranos del pasado: cultivaban la tierra, cuidaban del ganado, charlaban del duro inicio del siglo XX. Historias perdidas, sepultadas. Pero esas piedras del pueblo… esas piedras siguen aún en pie, a pesar de soportar durante el resto del año la presión de los 1.200 hectómetros cúbicos del embalse del Esla.

¿Cómo saber si entre aquellas calles perviven los cimientos del templo de San Pedro de la Nave? Por el momento, el único testigo son las inaudibles oraciones recitadas ahí abajo durante siglos, que pronto volverán a callar para siempre entre las aguas”.

Este texto es un fragmento del reportaje “Aquí yace San Pedro de la Nave” de este blog, que narra el resurgir de los restos de, quizá, la iglesia visigoda más importante del país por su buen estado de conservación. Pudieron tragársela las aguas del embalse de Ricobayo en los años treinta, pero la intervención del historiador Manuel Gómez-Moreno y del arquitecto Alejandro Ferrant la libraron del olvido. Hoy, miles de personas la visitan cada año en el cercano pueblo de El Campillo.

San Pedro de la Nave es, por tanto, un templo prerrománico. Pero su historia nos sirve para contar la doble fortuna que corrieron diferentes iglesias románicas, con la llegada de la «fiebre» por los pantanos durante la dictadura franquista. Unos quedaron sepultados bajo el agua para siempre y solo vuelven a la vida tras la sequía, en periodos de estiaje de los pantanos. Otros fueron reubicados a tiempo. Pero quizá el caso más original es el de Santa Eugenia de Cenera de Zalima, cuyos restos terminaron de rescatarse en 2017, cuando el nivel del pantano de Aguilar descendió tanto que dejó al descubierto la belleza de sus toscos capiteles románicos.

Villanueva, la “Catedral de los peces” (Cantabria)

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Iglesia de Villanueva (Cantabria). FOTO C. R.

Antes que Santa Eugenia, eran populares los casos templos de diversas épocas y estilos cuyas torres volvían a respirar con la sequía.  Como la iglesia de Villanueva, en Cantabria, anegada tras la construcción del pantano del Ebro en la primera mitad del siglo XX. Su torre barroca se asoma, impresionante, cuando decrece el nivel del embalse. Una pasarela de madera permite acceder al interior, subir sus escaleras de caracol y tomar las mejores fotografías del paraje. Popularmente, se la conoce como la Catedral de los peces.

El campanario de San Román de Sau (Vic)

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San Román de Sau (Barcelona). FOTO C. R.

En la provincia de Barcelona, junto a localidad de Vic, se encuentra San Román, el pueblo «tragado» por el pantano de Sau en 1962. El campanario de la iglesia románica se ha convertido en el «termómetro» que mide el caudal de las aguas. Hace una década quedó descubierta al completo, hecho que congregó a numerosos visitantes y curiosos que no quisieron perderse esta especie de milagro.

Las campanas de La Asunción suenan en Mediano (Aragón)

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Aspecto del campanario de la iglesia de Mediano. FOTO C. R.

En 1969 fue inundado, entre otros, el municipio aragonés de Mediano. La Confederación Hidrográfica del Ebro llevó a cabo diversas voladuras en la zona, pero la iglesia de La Asunción logró sobrevivir. Hace una década, aprovechando la inusual bajada del agua, la confederación posibilitó que las campanas del templo volvieran a sonar, tras cuatro décadas de inmersión.

El «hallazgo» de Cenera de Zalima (Aguilar de Campoo)

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Aspecto de la iglesia de Cenera de Zalima (Palencia), antes de la retirada de parte de su arquitectura. FOTO FUNDACIÓN SANTA MARÍA LA REAL

En 2017, la prolongada sequía dejó al descubierto una verdadera «Atlántida» en todo el país. Al norte de Palencia, el embalse de Aguilar pareció abrir sus aguas para dejar al descubierto los últimos restos de la iglesia de Santa Eugenia, en el inundado pueblo de Cenera de Zalima. Los historiadores de la Fundación Santa María la Real reconocieron no tener documentados algunos elementos como los capiteles.

Las imágenes recorrieron el país. La belleza de la tosca decoración de los elementos tardorrománicos dejaban servido el dilema: ¿Dejar los restos en su lugar original o recuperarlos para protegerlos de un posible expolio «post-mortem»? La Confederación Hidrográfica del Duero optó finalmente por llevárselos a Aguilar, donde serán expuestos.

La operación no tendría mayor misterio de no atender a la historia del monumento, todo un símbolo para los habitantes de la extinta Cenera de Zalima. Antes de el embalsamiento de agua, en 1963, fue trasladada la portada, que hoy se encuentra en el castillo de la localidad palentina de Monzón de Campos. La iglesia románica de San Juan, en el vecino pueblo de Villanueva del Río Pisuerga, también fue evacuada a tiempo y hoy forma parte del parque de la Huerta de Guadián, en la capital palentina.


 

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