El descanso eterno de los Amantes de Teruel

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Las manos de los Amantes, en el sepulcro de alabastro esculpido por Juan de Ávalos. Foto http://www.amantesdeteruel.es

La iglesia de San Pedro, donde reside el mausoleo en el que reposan los restos de Isabel Segura y Diego Marcilla, se erigió sobre un templo románico anterior y hoy es uno de los más destacados exponentes del mudéjar aragonés

Un 14 de febrero es la fecha ideal para viajar al patrimonio, pero no a cualquier lugar. Hay un espacio de visita imprescindible en una de las ciudades más desconocidas del país. Cualquiera habrá escuchado hablar de los Amantes de Teruel, el amor imposible que condena a los protagonistas al otro mundo, como la clásica tragedia romántica de Romeo y Julieta en Verona. Aquel romance imposible terminó para siempre en una capilla —hoy mausoleo anexo— de la iglesia de San Pedro, un interesante ejemplo del arte mudéjar aragonés cuya visita en El Código Románico está hoy más que justificada.

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Torre de la iglesia de San Pedro en Teruel, a principios del siglo XX. Foto Cabré.

El elemento más reconocible, la torre mudéjar, pudo ser levantada en el templo que precedió a San Pedro, una iglesia románica cuyo origen está fechado a finales del siglo XII. El edificio se sitúa en la antigua judería, tiene planta irregular, carece de crucero y aúna elementos mudéjares y góticos. La iglesia de San Pedro es toda una fortaleza defensiva, con solo una nave rematada por bóvedas de crucería. Bajo la torre aparece el elemento que, desde el interior, sorprende al visitante por su espectacularidad: un ábside de siete caras.

Pero vayamos a la historia que nos interesa. Junto a la iglesia de San Pedro se levanta una capilla, la de los Amantes, que se ha convertido en el verdadero motor turístico de Teruel. ¿Quién puede resistirse al equivalente en nuestro país de buscar el balcón de Julieta en la «Verona» española? Antiguamente, las momias de los enamorados malditos—sí, al parecer, las auténticas— se exponían de pie con unas faldillas. Hoy, gracias al trabajo de Juan de Ávalos en el siglo XX, los restos de Isabel Segura y Diego de Marcilla descansan en el interior de un extraordinario sepulcro de alabastro en el que las manos de los protagonistas rozan sus dedos, símbolo del amor que no pudo ser. Al menos, en esta vida.

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Interior del ábside de San Pedro, en Teruel. Foto Wikipedia.

En 1931, la iglesia de San Pedro fue declarada monumento histórico-artístico. Es la época en la que el Gobierno reacciona ante el deterioro y el peligro que sufren la mayor parte de los bienes artísticos del país, en plena «exportación» de bienes de todo tipo, como ya sabemos, desde pequeñas imágenes románicas o góticas hasta claustros medievales completos. Desde 1986, San Pedro figura en la lista de la Unesco como parte de la Arquitectura Mudéjar de Teruel.

Pero si aún no estamos convencidos plenamente de la visita, eso es porque no hemos escuchado la irresistible historia de los Amantes. En la ciudad de Teruel, Diego de Marcilla (también identificado como Juan) se enamoró de Isabel Segura, hija de un vecino acaudalado de la ciudad. Carente de dinero ni posición social, Diego marchó a la guerra para hacer fortuna y arrancó el compromiso de Isabel de esperarla durante cinco años, tiempo para el que Diego habría regresado y podrían celebrar la boda.

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Mausoleo de los Amantes de Teruel, lugar más turístico de la ciudad. Foto http://www.amantesdeteruel.es

El joven de Teruel cumplió el acuerdo y regresó exactamente el mismo día en que se cumplía el plazo. Al entrar en la ciudad, escuchó el sonido de las campanas en la Catedral de Santa María: en el altar, Isabel contraía matrimonio con un rico mercader por mandato de su padre. Al llegar al templo, Isabel prometió a Diego no consumar el enlace en la noche de bodas. Para entonces, el joven se presentó ante su amada, le pidió un beso y al negárselo Isabel, cayó fulminado en el suelo.

Isabel Segura no pudo resistirse a la obligación moral de acudir al velatorio de Diego. Al entrar en el templo y ver a su enamorado, le dio un beso moral, pues Isabel cayó igualmente inerte. Desde entonces, los Amantes de Teruel descansan juntos y, como inmortalizó Juan de Ávalos, sus dedos se rozan por la eternidad.

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