Filosofía platónica en la Colegiata de Toro

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La Colegiata de Toro según J. Laurent.

La planta de Santa María la Mayor esconde un secreto casi mágico que ni siquiera el ojo humano puede desentrañar

Las cabalgadas de los caballeros templarios están envueltas en el misterio y el esoterismo. La leyenda de los monjes guerreros seduce a unos e indigna a otros precisamente porque carácter legendario. Pero, ¿y si algunas realidades casi «mágicas» que se cuentan de la Edad Media fueran realidad? No, no nos proponemos hablar de templarios, un asunto fascinante. Sino de la construcción de un templo que está envuelta en un sinfín de curiosidades que sorprenden a quien las desconoce, la mayoría.

En la Colegiata de Toro se dan algunas circunstancias que permanecen casi ocultas al visitante. Pocos serán los que se den cuenta de que la perspectiva del templo está deformada. El templo se estrecha desde la cabecera hacia los pies. De hecho, según los cálculos del arquitecto Claudio Pedrero, si prolongáramos unas líneas imaginarias al final de los muros de Santa María la Mayor, esos trazos convergerían seiscientos metros más adelante.

¿Por qué el maestro francés que levantó el templo se permitió la licencia? Quizá para dar la sensación de que el edificio era más largo de lo que decían sus medidas. O quizá, no. Puede que diseñara la Colegiata ayudándose… de la filosofía, aplicando conceptos platónicos como el de las medidas ideales…

A lo largo de la construcción del inmueble —130 años— hasta cinco fueron los maestros que se sucedieron en la construcción. El tercero llega cuando el Puente de Piedra de Toro ya está construido. ¿Resultado? La piedra arenisca que se utiliza desde entonces es completamente distinta. Los canteros trabajan con el material extraído… en la otra margen del Duero.

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El Pórtico de la Majestad. La Opinión-El Correo de Zamora

Los dos elementos universales de Toro están claros: el cimborrio y el Pórtico de la Majestad. Del primero sorprenden las técnicas aplicadas en el diseño original, del que se conservan dos dibujos. Pedrero, uno de los mayores conocedores de un templo con el que lleva años trabajando, sostiene que dichos artificios estaban solo en manos de «grandes maestros» de la época, un código secreto que al que únicamente podían acceder unos pocos.

¿Y por qué el cimborrio luce ese característico aspecto en la cubierta de teja que lo diferencia de los de Zamora, Salamanca y Plasencia? Aquí la explicación es más humana, más terrenal En aquellos 130 años de construcción, en un momento histórico clave en la transición del románico al gótico, la concepción del arte va cambiando. Pero, sobre todo, Toro se queda sin dinero para rematar su cimborrio. Aquella estructura destinada a iluminar el crucero nunca debió ser de teja, sino de piedra. ¿Se imaginan?

Lee la entrevista completa al arquitecto Claudio Pedrero.

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