Un asceta en Ojo Guareña

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Ermita de San Tirso y San Bernabé. C. R.

La visita de la ermita de San Tirso y San Bernabé en la Merindad de Sotoscueva (Burgos) es una especie de viaje a lo ancestral, a los primeros pobladores o a los anacoretas que seguramente rezaron bajo su bóveda natural de piedra

Hace ahora cinco años, por estas fechas, emprendí uno de los viajes que más me obsesionaban. Había visto en alguna fotografía un paisaje mágico, de esos que dudas de su existencia por su belleza. El acercamiento al monumento natural de Ojo Guareña tiene algo de ancestral. Mientras avanzas por una de las carreteras que unen las Merindades burgalesas, contigo también camina el inmenso complejo kárstico que acompaña la expedición. Abruma, da miedo pensar, que dentro de esa especie de ingente muro el agua ha tejido su propio dédalo y que los más antiguos pobladores de la región han utilizado sus abrigos para refugiarse del frío y «capturar» el espíritu de los animales que se disponían a cazar, según una de las múltiples teorías que explican el sentido de las pinturas rupestres.

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Detalle de la iglesia del siglo XIII. C. R.

Pero la ermita de San Tirso y San Bernabé se hace de rogar. Es un viaje espiritual. Los ascetas que seguramente poblaron las más antiguas cuevas de la zona tenían que recurrir a un lugar ajeno al ruido mundano, lejos de la civilización y los desmanes de la Iglesia. Allí, entre las montañas, hay que ganarse ese espacio de reflexión interior. Kilómetros y kilómetros de estrecha carretera, en compañía de una suave, no molesta, lluvia.

Había visto esa imagen, sí, y quería comprobar que existía. Porque cuando el arte natural se mezcla con el acierto humano se produce un milagro indescriptible. Había podido comprobarlo en el cañón del río Lobos, donde la ermita, dicen templaria, de San Bartolomé es el contrapunto perfecto a la roca que guarece el agua que circula por la zona. Es la otra cara de la moneda. El hombre puede hacer el mayor daño a nuestro planeta y, a veces, erigir monumentos que realzan su carácter sagrado, básico para la vida.

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Pinturas en la bóveda natural de la iglesia.

Y en lo más alto de un cerro al que conduce la más angosta de las carreteras se acerca el momento. Había visto esa imagen y estaba a punto de comprobar que los milagros existen. Al final de una prolongada escalera, en parte natural, en compañía de la lluvia, nos dimos cita: allí estaba yo y, enfrente, las paredes de la pequeña ermita que un día fue eremitorio. Los sillares como cierre de una bóveda natural que, adivinaba, estaría poblada de increíbles pinturas. Como así fue.

Por fortuna, el espacio sagrado estaba abierto a las visitas. Y allí, una de las cosas que más agradezco, un vídeo narraba la historia de la cueva y sus usos seculares, como almacén de grano, entre otros. El recorrido es una inmersión en el corazón de las montañas de Ojo Guareña y explica por sí solo porque el hombre elige lo que elige para enfrentarse a sí mismo.

Las paredes «cristianas» de la cueva datan del siglo XIII, aunque todo apunta a que, efectivamente, el lugar se utilizaba como eremitorio muchos siglos atrás. La belleza del paraje es irresistible para el hombre, sea de la época que sea. San Tirso se ganó la primitiva advocación, pero en el siglo XVIII tuvo que compartir el precioso lugar con san Bernabé. Aún así, las paredes de la cueva están cubiertas por los milagros de san Tirso, que uno puede observar sin tener en cuenta que el tiempo pasa.

Alrededor, recupero la luz natural. Ya no llueve en Ojo Guareña. La sensación de algo ha ocurrido, algo trascendente, es tan real como la belleza del propio paraje.


Horarios y detalles de la visita:

Teléfono: 645490288 / 947138755
Mail: cuevasojoguarena.sanbernabe@gmail.com

Localidad: Merindad de Sotoscueva

La Ermita de San Tirso y San Bernabé se encuentra en pleno dorazón del Monumento Natural de Ojo Guareña, declarado Monumento Histórico Artístico por Decreto de 23 de abril de 1970.

Está situada en el municipio de Cueva de Sotoscueva y constituye uno de los principales accesos al Complejo Karstico de Ojo Guareña.

La ermita rupestre de San Tirso y San Bernabé tiene sillar al exterior y es de nave única. En el interior de la ermita hay pinturas murales en la bóveda natural de los martirios de San Tirso y los milagros de San Tirso y San Bernabé que están datados entre los siglos XVIII y XIX. En el altar de encuentra una talla de San Tirso del siglo XIII.

Junto a la ermita se encuentra la Sala del ayuntamiento que era utilizada como lugar de sesiones hasta 1924, año en que se trasladó a Cornejo.


 

 

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