Un dragón dormido durante siglos

ARPA 2012

Bajo la cubierta de Santa María la Nueva (Zamora) aparecieron multitud de fragmentos de madera policromada en estilo mudéjar con dibujos de animales fantásticos y sagrados

Pocos conocen, pocos se atreverían a imaginar, que uno de los secretos escondidos durante mucho tiempo entre las piedras de Santa María la Nueva tenía forma de animal fantástico capaz de escupir fuego. Su hallazgo es una de las más sorprendentes historias de la iglesia zamorana, una de las más prolíficas en leyendas, secretos y tesoros artísticos de la ciudad. El “dragón” de Santa María ha revivido entre sus muros, ahora a los pies de una de las torres que coronan el románico zamorano.

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Zona musealizada, donde se exponen los fragmentos del antiguo artesonado de Santa María la Nueva. 

Las escamas de este peculiar monstruo dieron la cara en las obras de restauración de la cubierta del templo, hace ya más de un lustro. Al levantar los elementos del tejado, aparecieron multitud de fragmentos de madera policromada, carcomida por la humedad y el paso del tiempo. Apenas si se podía “leer” el mensaje de lo que parecía ser el antiguo artesonado del templo, de estilo mudéjar.

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Interior de Santa María la Nueva. C. R. 

La limpieza y recomposición de las líneas perdidas permitió vislumbrar al dragón, que había dormido un largo sueño acompañado de centauros, perros ibis o patos. No era todo. Convivieron con la magia de las formas de los atauriques, un tipo de vegetación utilizado por el arte mudéjar, fruto de la coexistencia entre cristianos y musulmanes durante la Edad Media.

Rescatado el artesonado en la vecina ermita de Los Remedios por la firma salmantina Ufizzi, las piezas regresaron al templo “nuevo” para ser situadas en un pequeño museo, colocado a los pies de la torre, frente a una hermosa pila bautismal de la iglesia. Ya no tiene la función de ornar el techo de Santa María. Como muchas otras iglesias zamoranas, las tres naves iniciales se fusionaron en una sola por medio de grandes arcos torales que cambiaron la fisonomía interior del templo. Hoy, desde otro lugar distinto, el dragón sigue ensayando el fuego abrasador que atiza desde sus entrañas.

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