Lorenzo de Ávila, el enigmático «Bartomeus»

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Lorenzo de Ávila. Epifanía. Santo Tomás Cantuariense. Toro. Foto: IMAGEN  M.A.S.

El historiador Juan Carlos Pascual de Cruz identifica al «maestro del Renacimiento español» del que han llegado a hablar los americanos con un artista que se formó en Italia a finales del siglo XV junto al pintor Luca Signorelli y que pudo crear las pinturas de la sala capitular de la Catedral de Toledo.

¿Es Lorenzo de Ávila el «Bartomeus» que se forma en Italia supuestamente a las órdenes del maestro Luca Signorelli? Esta es la hipótesis en la que trabaja el historiador Juan Carlos Pascual de Cruz. El profesor de la Escuela de Arte de Valladolid indaga desde hace tiempo en el desconocido pasado de De Ávila como material para la publicación de un libro. El investigador llega a atribuir las obras de la sala capitular de la Catedral de Toledo al pintor que acabó su etapa vital en Toro, adonde llegó con sesenta años y murió con 97.

Según el historiador, el autor de las pinturas toledanas tuvo que pasar por Italia entre 1490 y 1510 para formarse con los pintores umbros. Y en concreto con uno: Luca Signorelli, que estaba decorando la capilla de San Brizio de la Catedral de Orvieto.

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Lorenzo de Ávila. Expulsión del Paraíso. Pedrosa del Rey (Valladolid). Foto: IMAGEN  M.A.S.

Buscando el pasado de De Ávila, Pascual de Cruz encontró a Signorelli pintando en la abadía de Monte Oliveto Maggiore junto a un español: Bartolomé Velasco de Ávila. Por otro lado, existe en el Museo del Prado una tabla firmada por un tal «Bartomeus». Su estilo se corresponde con diversas obras españolas de la época. En concreto, una de ellas es un retablo de Ciudad Rodrigo que hizo las maletas para viajar a Estados Unidos. Tras analizarlo, los americanos apuntaron que el misterioso autor que estaba detrás de aquella obra era el mismísimo «maestro del Renacimiento español».

Según esta hipótesis, un jovencísimo Lorenzo de Ávila trabaja para Ciudad Rodrigo o Trujillo y marcha en 1495 a Toledo a ampliar estudios junto a Pedro Berruguete. De allí, se traslada a diversos lugares de Italia para empaparse de la pintura que se hace en el país transalpino en la época. De regreso, De Ávila se encarga de crear una obra maestra. Se trata de las pinturas de la sala capitular de la Catedral de Toledo. Juan Carlos Pascual no guarda dudas al respecto.

En Toledo, De Ávila estuvo al servicio del cardenal Cisneros, quien le encarga los dibujos para la manga del Corpus que todavía hoy desfila en la fastuosa procesión de la ciudad de las tres culturas. En los pagos por las pinturas de la Catedral figura un tal Juan de Borgoña, pero el profesor piensa que no tuvo necesariamente que ser él el autor de los trabajos: «Es quien recibe las transacciones, pero estoy convencido de que quien realmente pinta la sala capitular es Lorenzo de Ávila».

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