La Catedral de Zamora, «terraza con vistas» para americanos

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Catedral de Zamora y su cimborrio románico. Foto C. R. 

La aventura de dos peregrinos «cautivados por la belleza» de la ciudad que fueron pillados junto al cimborrio más célebre del románico con varios remates de piedra del siglo XVI

«Es tan bonita la ciudad, sus monumentos, que subimos para ver todo desde las alturas», declara a La Opinión-El Correo de Zamora la pareja de americanos protagonistas de este Lunes Santo en la ciudad del Duero. Será un juez quién decida la responsabilidad de estos peregrinos que escalaron la terraza más famosa de la ciudad, la cubierta de la Catedral con el cimborrio románico más célebre del país. Lo que no se puede negar es que, en el fondo, nadie disentirá de la afirmación. ¿Quién no ha soñado por dar un paseo por «las alturas» rodeado de un milenio de historia románica, gótica y neoclásica?

A los zamoranos, concentrados en la salida de las procesiones del Lunes Santo, los pilló la noticia por sorpresa. Las primeras informaciones que apuntaban hacia un robo puro y duro de varios enseres de la Catedral nos hacían viajar en el tiempo a las penosas fechas de pérdidas notables: tapices, documentos… y hasta el más preciado marfil árabe, el Bote de Zamora, han dejado atrás la Seo en el último siglo para terminar en colecciones privadas y museos por distintas circunstancias.

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Vista del entorno histórico desde la margen izquierda del Duero. Foto C. R. 

El peso de los remates pétreos hallados junto a los americanos —dos remates en forma de bola de los pináculos de la sacristía mayor, cada uno de cuatro kilos, y un trébol trilobular de la crestería de la cabecera del templo, de diez— hacía inviable el robo. Más de un zamorano, al enterarse, había ideado precisamente como penitencia cargar con el mismo peso de las piedras hasta Santiago… Pero no, los «yanquis» no habían leído las memorias de Erik «el Belga», ni querían emular la desaparición del Códex Calistinus de la Catedral de Santiago. Fue… «amor al arte».

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Códice Calixtino. Catedral de Santiago de Compostela. Foto C. R. 

Si algo hay de positivo en la frustrada aventura —según se mire, la pareja logró su objetivo de contemplar la ciudad bajo una noche estrellada de Domingo de Ramos— es la afirmación de la belleza del recinto, símbolo universal de la ciudad codiciado precisamente por quienes desde finales del siglo XIX han querido importar desde el otro lado del Atlántico la belleza, la historia y la autenticidad de del arte español, europeo. Si los americanos muestran un exacerbado orgullo por edificios de apenas trescientos años —los más antiguos que atesoran— ¿qué dirían si poseyeran alguna de las catedrales románicas o góticas del país? ♦

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