Sijena, las pinturas que sobrevivieron al Infierno

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Sala capitular de Santa María de Sijena. Pintura de Valentín de Carderera, siglo XIX.

Una comisión de salvamento rescató los brillantes frescos del monasterio de Santa María (Villanueva de Sigena, Huesca), tras el incendio provocado por milicias anarquistas en agosto de 1936

La clave de las riquezas que llegó a atesorar el monasterio románico de Santa María de Sijena radican en su vinculación a la Corona de Aragón. Sancha de Castilla, esposa de Alfonso II, fue la fundadora de un cenobio ocupado por las monjas de la orden de San Juan Evangelista. La sala capitular custodió durante siglos la joya más preciada. Se trata de las pinturas que decoraban los arcos diafragma que estructuran la sala, coronados por un valioso artesonado en madera.

Los frescos se corresponden con un momento muy preciso, dentro de lo que se denominó «estilo 1200», pinturas que suponían una transición entre el románico y el gótico. En Sijena, enlazan las secuencias bíblicas del Antiguo Testamento con el Nuevo con una calidad encumbrada por los expertos. En el intradós de los arcos, la cara interior, aparecen los rostros de 70 personajes, la genealogía de Jesús. Una pintura de Valentín de Carderera a mediados del siglo XIX muestra todo el esplendor de la estancia.

Pero todo cambió para Santa María de Sijena en julio de 1936. Una expedición de expertos liderada por Joaquim Folch y Torres, director de los Museos de Arte de Cataluña ese mismo mes fue premonitoria. El historiador, que había liderado la «operación de salvamento» de las pinturas del Pirineo catalán, escribió tras la visita:

«Pudimos comprobar con dolor cómo la destrucción de las pinturas murales de su preciosa sala capitular avanza de manera alarmante».

Esa y otras duras expresiones tenían como destinataria la Dirección General de Bellas Artes, que dirigía Ricardo Orueta. El estado de conservación era alarmante, y así lo reflejó el diario La Vanguardia con un reportaje fotográfico oportunísimo, realizado por José Gudiol. Aquellas serían las últimas instantáneas tomadas, antes de que ocurriera el desastre. En agosto de 1936, solo unos días después del estallido de la Guerra Civil, milicianos anarquistas prendieron fuego a varias estancias del monasterio. Durante tres días, el incendio acabó con una parte de las pinturas, cuyos colores originales se perderían para siempre.

Una comisión de salvamento del patrimonio catalán se ocupó de recuperarlas y enviarlas a Barcelona para su restauración. En los años setenta, un acuerdo permitió depositarlas y mostrarlas en una de las salas de la colección de arte románico del MNAC, donde se pueden contemplar en la actualidad.

Sin embargo, con la reforma de las diócesis a mediados de los noventa, las instituciones aragonesas reclamaron judicialmente el regreso de los frescos. En 2016, el Juzgado número 2 de Huesca determinó que el préstamo de las pinturas era de carácter temporal, y que las pinturas debían regresar a Sijena. Sin embargo, tras el recurso presentado por la Generalitat y el MNAC, el juez decidió dejar en suspenso el traslado, debido al delicado estado de la obra. Si se trasladaban y la Audiencia fallaba a favor de las instituciones catalanas, los frescos habrían de someterse a un nuevo regreso que no aguantarían.

Mientras, se pueden disfrutar en el MNAC, que dispuso las pinturas en arcos diafragma como los de Sijena, en ese discurso de tránsito entre varios espacios, dentro de una colección en la que se encuentran iconos catalanes como el Cristo en Majestad de Taüll.

One response to “Sijena, las pinturas que sobrevivieron al Infierno”

  1. Avatar de Pablo
    Pablo

    Con todo el respeto, no sé de donde has sacado que Joaquim Folch y Torres haya estado en Sixena. Más bien fue Luis Monreal y Tejada. También lo de la reforma del diócesis, es completamente falso que se haya hecho en el 80 o 90…

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