San Martín de Frómista, el faro del románico palentino

La iglesia, único vestigio de un antiguo monasterio del siglo XI, es el arquetipo del primer arte internacional y uno de los edificios españoles más importantes junto a Compostela, Jaca o San Isidoro en León

Imagen de San Martín de Frómista a finales del siglo XX. Luis Agromayor-IPCE

El legado románico de la provincia de Palencia llama la atención por motivos diversos y características únicas, la más evidente: concentrar la mayor cantidad de templos del primer arte internacional en las zonas rurales. Se convierte así el románico palentino en la cara complementaria de ciudades como Zamora o Segovia, cuya concentración de iglesias y ermitas medievales es la mayor de Europa, la mayor del mundo. Y a diferencia de Zamora, además, Palencia recibió la visita de una de las corrientes artísticas más importantes en la historia del Viejo Continente muy temprano, ya en el siglo XI, adelantándose al llamado tardorrománico o estilo tardío que caracteriza a la ciudad del Duero.

Aunque no todo son diferencias. Existe un hecho que une a ambas provincias. La falta de desarrollo, el fuerte poso de la vida rural, hizo que el románico perviviera frente al vendaval que proponía un emergente estilo procedente del norte de Francia, denominado arte gótico. Los sólidos edificios románicos habían sido construidos para la eternidad y ante nuestros ojos del siglo XXI tenemos la demostración. Pero, si tuviéramos que elegir uno, solo uno, de los diversos edificios de piedra del románico palentino, ¿con cuál habríamos de quedarnos?

San Martín de Tours

La respuesta es tan sencilla como uno quiera, si de dar una opinión hablamos. En cambio, todos estaremos de acuerdo en que la iglesia de San Martín de Tours, en la localidad de Frómista, es la que simboliza a toda una tierra. Y lo es porque el elegante templo palentino es modelo, no ya del románico español, sino de la larga nómina de inmuebles religiosos de toda Europa. Ahora solo falta saber por qué y qué ocurrió en el camino hacia el presente con el templo de San Martín.

Interior de San Martín de Frómista. XX. Luis Agromayor-IPCE

En primer lugar, cabe decir que San Martín es también uno de los templos más antiguos de Palencia, levantado en el año 1066 gracias, entre otras cosas, al influjo del Camino de Santiago, la principal travesía de peregrinaje de todo el continente. En Frómista, doña Mayor de Castilla patrocinó la construcción de un monasterio mediado el siglo XI, del que solo nos ha llegado una de sus joyas, la iglesia. Se le considera arquetipo del románico europeo por la utilización del lenguaje del primer estilo internacional: un edificio de planta rectangular o basilical (como los empleados en los inmuebles públicos de la civilización romana), con tres naves cerradas por bóveda de medio cañón (más elevada la central que las laterales, el uso del arco de medio punto y una profusa escultura que se nos muestra tanto en el exterior (a través de sus cientos de canecillos), como en el interior, con sus capiteles labrados de elevado tamaño.

Se le considera arquetipo del románico europeo por la utilización maestra del lenguaje del primer estilo internacional

Sin embargo, cuando el visitante actual visita San Martín de Frómista puede caer en la trampa de la ilusión de lo real. Es cierto que la iglesia parece evocar de forma maestra a la que fue levantada en el ecuador del siglo XI… pero es mejor conocer la historia completa. El templo llegó maltrecho, muy reformado y con diversos añadidos a finales del siglo XIX. Fue entonces cuando el arquitecto español Manuel Aníbal Álvarez afrontó su restauración. Su criterio —hoy completamente superado— fue el de una reconstrucción historicista, evocando cómo pudo ser la iglesia en sus lejanos orígenes. Así, San Martín fue completamente desmontado y remontado de nuevo, incluyendo piezas nuevas, descartando algunas de las antiguas. 

Vista interior de la iglesia de San Martín de Frómista (Palencia). Asociación Cluny Ibérica-Junta de Castilla y León.

Esta filosofía nos trajo de nuevo un templo del pasado, utilizando una especie de máquina del tiempo. Aunque, de paso, acabó con las huellas, las cicatrices del paso de los siglos por el edificio. Hoy, sencillamente, esto sería un atentado. Los criterios modernos optan por varias premisas a la hora de practicar una intervención en un bien histórico: respetar el influjo del tiempo en el inmueble, consolidarlo para legarlo en las mejores condiciones posibles para las próximas generaciones y practicar únicamente intervenciones reversibles. En suma, el templo no es cómo se construyó, sino cómo ha ido evolucionando a través de los siglos.

En todo caso, San Martín de Frómista ofrece hoy una volumetría, un equilibrio y una serenidad que, a juicio de los expertos, lo convierten en uno de los principales referentes del románico europeo. En la nómina de los ejemplos más notables del país, Frómista comparte protagonismo como símbolos como las catedrales de Santiago de Compostela y Jaca o la colegiata de San Isidoro, en León

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